A medida que el cuerpo envejece, los sentidos que conectan al ser humano con el entorno que lo rodea experimentan transformaciones graduales e inevitables, explica el doctor Yuri Silva Portela. En un contexto marcado por el aumento significativo de la población adulta mayor en Brasil, comprender el impacto clínico y existencial de estas pérdidas sensoriales se ha convertido en una parte esencial de la práctica geriátrica. Según el Dr. Yuri Silva Portela, especialista con posgrado en geriatría, el deterioro sensorial rara vez recibe la atención que merece, ya que con frecuencia es minimizado tanto por los pacientes como por los profesionales de la salud.
A lo largo de este contenido, veremos cómo estas pérdidas van mucho más allá de la incomodidad física y qué puede hacer la medicina para preservar la autonomía y los vínculos sociales de las personas mayores.
La visión que se reduce y el mundo que se cierra
La presbicia, el glaucoma, la degeneración macular asociada a la edad y las cataratas conforman el grupo de afecciones oftalmológicas más prevalentes en la tercera edad. En conjunto, estas alteraciones no representan únicamente dificultades para leer o reconocer rostros, sino una profunda reconfiguración de la autonomía cotidiana de las personas mayores. La pérdida de visión está directamente relacionada con un mayor riesgo de caídas, el abandono de actividades placenteras y el desarrollo de cuadros depresivos.
Según la interpretación de Yuri Silva Portela, lo que hace que este proceso sea particularmente grave es su progresión silenciosa. Esto se debe a que muchas personas mayores adaptan su comportamiento de manera inconsciente para compensar la pérdida visual, reduciendo sus desplazamientos, evitando entornos nuevos y disminuyendo las interacciones sociales, sin que ningún profesional de la salud identifique el deterioro sensorial como la causa subyacente de este retraimiento.
La audición y el aislamiento que nadie nombra
La presbiacusia, o pérdida auditiva relacionada con el envejecimiento, afecta aproximadamente a un tercio de los adultos mayores de 65 años y a más de la mitad de quienes superan los 75 años. A pesar de su elevada prevalencia, la mayoría de los casos permanece sin diagnóstico formal y sin una intervención adecuada. La persona mayor con pérdida auditiva no tratada tiende a retirarse de las conversaciones, evitar reuniones sociales e interpretar incorrectamente las interacciones cotidianas, un patrón que, con el tiempo, genera aislamiento real y favorece el deterioro cognitivo.

Como destaca el doctor Yuri Silva Portela, la relación entre la pérdida auditiva no tratada y la demencia ha sido cada vez más documentada por la literatura científica. En la práctica, el cerebro privado de estímulos auditivos adecuados reasigna recursos cognitivos para compensar la deficiente decodificación de los sonidos, lo que acelera el desgaste de áreas asociadas con la memoria y el razonamiento. Por lo tanto, tratar la presbiacusia no es una cuestión estética ni de comodidad, sino una estrategia de neuroprotección.
El tacto, el dolor y la pérdida de la sensación de seguridad corporal
El sistema somatosensorial, responsable de las sensaciones de tacto, temperatura, dolor y posición corporal, también se deteriora con el envejecimiento. La disminución de la sensibilidad táctil en los pies, por ejemplo, compromete el equilibrio y aumenta el riesgo de caídas, incluso en personas mayores que no presentan alteraciones musculoesqueléticas significativas. La neuropatía periférica, frecuente en adultos mayores con diabetes, agrava esta situación al eliminar las señales de alerta que protegen contra las lesiones.
Desde la perspectiva del Dr. Yuri Silva Portela, la pérdida del tacto también representa una dimensión existencial que con frecuencia se pasa por alto: la reducción del contacto físico afectivo. Tocar y ser tocado son necesidades humanas fundamentales, y la persona mayor que pierde gradualmente la sensibilidad táctil puede experimentar una forma de distanciamiento de su propio cuerpo y de los demás, lo que contribuye al empobrecimiento de las relaciones y de la sensación de presencia en el mundo.
La rehabilitación sensorial como prioridad clínica
Ante la amplitud y el impacto de las pérdidas sensoriales en el envejecimiento, la evaluación geriátrica integral debe incluir un cribado sistemático de la visión, la audición y la sensibilidad periférica. Dispositivos ópticos adecuados, audífonos, fisioterapia sensorial y adaptaciones del entorno son intervenciones de costo accesible y con un importante retorno clínico, capaces de restaurar la autonomía y reconectar a las personas mayores con el mundo que las rodea.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez