Paraguay se ha convertido en uno de los países con mayor dinamismo económico en América Latina impulsado por una combinación de factores estructurales que le permiten destacar en un contexto global competitivo. A pesar de su tamaño geográfico y una población relativamente pequeña, Paraguay ha logrado profundizar su papel en los mercados internacionales gracias a políticas económicas estables, amplio sector agroindustrial y ventajas comparativas únicas en energía y comercio. Este enfoque ha permitido al país construir un camino de crecimiento sólido y resiliente frente a choques externos, posicionándose como un caso de estudio interesante para economías emergentes.
Uno de los pilares más importantes del crecimiento económico de Paraguay es su sector agrícola y agroindustrial, que representa una parte sustancial del comercio exterior. El país mantiene una posición destacada como exportador de productos como soja, carne y otros granos, consolidando una balanza comercial positiva y una fuerte demanda internacional. Este impulso del sector primario no solo genera ingresos significativos por exportaciones, sino que también estimula actividades relacionadas como la logística, procesamiento de alimentos y tecnologías agrícolas, contribuyendo a un desarrollo más amplio del tejido productivo nacional.
Además de su fortaleza agrícola, Paraguay ha sabido aprovechar sus recursos energéticos casi ilimitados gracias a la producción de energía hidroeléctrica limpia y barata proveniente de grandes represas compartidas con países vecinos. Esta energía no solo satisface las necesidades internas a muy bajo costo, sino que también se exporta, generando ingresos adicionales y atrayendo inversiones en industrias intensivas en energía que buscan reducir costos operativos. La disponibilidad de energía abundante y competitiva es un factor clave que diferencia a Paraguay en la región.
Otro aspecto importante que ha facilitado el avance económico del Paraguay es su ambiente fiscal atractivo con una carga impositiva relativamente baja en comparación con otros países de la región. Esto ha incentivado la llegada de inversiones extranjeras, la expansión de pequeñas y medianas empresas y la formalización de actividades productivas. Un sistema tributario favorable reduce barreras de entrada para empresas y emprendedores, dinamizando los mercados internos y generando empleo.
La apertura comercial ha sido otro motor fundamental para integrar al Paraguay en las cadenas globales de valor. Su participación en acuerdos comerciales regionales y bloques económicos permite a las empresas paraguayas acceder a grandes mercados sin barreras arancelarias elevadas, lo que fomenta la exportación y la diversificación de destinos. Esta integración ha fortalecido la posición del país como un exportador confiable y competitivo en múltiples productos y servicios.
Paralelamente, Paraguay ha experimentado un crecimiento en sectores emergentes como la industria manufacturera ligera, servicios y tecnologías de la información, aunque estos todavía representan una parte menor del producto interno bruto comparado con la agricultura y la energía. Sin embargo, el desarrollo de capacidades tecnológicas y la expansión de servicios vinculados a comercio y finanzas muestran una diversificación progresiva que puede sostenerse en el largo plazo. Estos avances ayudan a equilibrar la estructura económica y reducen la dependencia de unos pocos sectores.
La inversión en infraestructura también ha jugado un papel esencial en la consolidación del progreso económico del Paraguay. El mejoramiento de carreteras, puertos y conexiones logísticas ha permitido reducir los costos de transporte y facilitar el acceso a mercados externos, lo que es fundamental para un país sin salida al mar que depende de corredores regionales. Al mismo tiempo, estas inversiones refuerzan la competitividad interna y la atracción de capitales privados para proyectos de mayor envergadura.
Finalmente, la estabilidad macroeconómica ha sido un elemento clave. La prudencia fiscal y monetaria mantiene la inflación bajo control y fortalece la confianza de los inversionistas, creando un entorno predecible y favorable para el crecimiento sostenible. Esta estabilidad, combinada con las ventajas naturales y políticas promercado, sitúa al Paraguay en un camino de desarrollo continuo, capaz de adaptarse a cambios globales mientras mantiene su atractivo económico en América Latina.
En conjunto, estos factores han sido determinantes para construir una trayectoria de crecimiento que destaca en la región y ofrece lecciones relevantes sobre cómo maximizar ventajas comparativas, atraer inversión y diversificar una economía en desarrollo. Con políticas continuas que fomenten la innovación, la inclusión social y la competitividad, Paraguay podría consolidar aún más su posición como un actor económico imprescindible en el escenario sudamericano.
Autor: Janice Wagner