Felipe Rassi señala que la entrada del deudor en quiebra modifica de forma sensible la lógica de adquisición de créditos, especialmente en operaciones vinculadas al crédito estresado, la recuperación de activos y los NPLs. Cuando la insolvencia alcanza esta etapa, el comprador deja de analizar únicamente el origen de la obligación y pasa a observar, con mayor rigor, la posición concursal del crédito, la calidad de las garantías y el nivel de competencia entre acreedores.
Vale la pena seguir los principales puntos que hacen que este escenario sea más complejo.
La quiebra cambia la referencia de valor del crédito
En operaciones comunes de adquisición, el valor del crédito suele examinarse a partir del contrato, del historial de incumplimiento y de la capacidad de cobro. Sin embargo, en la quiebra, esta lectura se vuelve más restringida. La existencia formal de la deuda sigue siendo relevante, pero el retorno esperado pasa a depender del orden de pago, de la masa recaudada, del pasivo total y del tiempo necesario para la liquidación de los bienes.
Felipe Rassi destaca que la quiebra reposiciona el crédito dentro de una estructura colectiva, en la que la satisfacción individual encuentra límites claros. El inversor necesita evaluar si se trata de un crédito extraconcursal, quirografario, con garantía real o subordinado, ya que cada clasificación influye directamente en la expectativa de recuperación. El cambio, por lo tanto, no es solo procesal. También impacta el precio, la estrategia y la viabilidad económica de la adquisición.
La due diligence debe ser más profunda y selectiva
Cuando el deudor entra en quiebra, la diligencia jurídica debe ampliarse. Ya no basta con examinar la validez de la cesión, la documentación del crédito o el historial contractual. También es necesario verificar la admisión del crédito, las impugnaciones, el listado general de acreedores, la recaudación de activos, las disputas sobre la propiedad de los bienes y posibles incidentes relacionados con fraude, ineficacia de actos o responsabilidad de terceros.

Desde esta perspectiva, Felipe Rassi demuestra que la compra de crédito en un escenario de quiebra exige una lectura integrada entre litigio, derecho concursal e inteligencia patrimonial. Un crédito puede parecer atractivo por su valor nominal, pero pierde atractivo cuando se observa que la masa tiene pocos activos líquidos, que existen litigios sobre las garantías o que el pasivo preferente absorberá gran parte de los recursos disponibles.
Las garantías y la posición concursal adquieren un peso decisivo
La quiebra también modifica la relevancia de las garantías. Antes de la insolvencia, muchos compradores observan el incumplimiento y la solidez documental como factores centrales. Después de la quiebra, la atención suele desplazarse hacia la ejecutabilidad real de las garantías, su resistencia a impugnaciones y su capacidad para preservar una ventaja económica frente al concurso de acreedores.
Desde este enfoque, Felipe Rassi explica que no todas las garantías representan el mismo nivel de protección en un entorno concursal. Es necesario comprender si existe garantía fiduciaria, garantía real sujeta a discusión, activos ya gravados o bienes con baja liquidez. También es importante analizar si la garantía está correctamente formalizada y si resiste posibles cuestionamientos.
Comprar crédito en quiebra exige una estrategia de largo plazo
La compra de créditos de empresas en quiebra puede generar oportunidades relevantes, pero suele requerir un horizonte más paciente y una estructura de decisión menos intuitiva. El inversor que actúa en este mercado debe convivir con plazos más largos, disputas entre acreedores, dependencia del desarrollo del proceso y incertidumbres sobre la realización de activos. A cambio, la asimetría de información puede abrir espacio para adquisiciones técnicamente ventajosas cuando existe un análisis cualificado.
Por su parte, Felipe Rassi expone que la decisión de compra, en este contexto, debe combinar precio de entrada, posición jurídica, calidad de las garantías y análisis del pasivo concurrente. El mercado de crédito estresado suele recompensar a quienes identifican créditos con mejor potencial de recuperación dentro de masas concursales complejas, pero penaliza evaluaciones superficiales basadas únicamente en el valor nominal de la deuda.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez