A partir de los treinta años, los niveles de testosterona comienzan a disminuir gradualmente en la mayoría de los hombres, un proceso que en ocasiones se denomina andropausia y que suele señalarse como el principal responsable de la pérdida progresiva de masa muscular a lo largo de la vida adulta. Lucas Peralles, referente en nutrición deportiva en São Paulo, explica que esta relación realmente existe, pero atribuir toda la responsabilidad únicamente a la hormona deja de lado un factor que la ciencia reciente demuestra que es igual de determinante, o incluso más: el propio nivel de actividad física.
Las investigaciones confirman que niveles más bajos de testosterona están asociados con una menor masa muscular esquelética en hombres de mayor edad, reforzando la relación biológica entre esta hormona y el mantenimiento del tejido muscular a lo largo de la vida. Ante este escenario, muchos hombres recurren a la terapia de reemplazo hormonal con la esperanza de revertir por completo la pérdida muscular relacionada con el envejecimiento. Sin embargo, existe un estudio que cuestiona directamente esa expectativa.
¿Entrenamiento o reemplazo de testosterona: qué ofrece realmente mejores resultados?
Un estudio publicado en el American Journal of Physiology comparó directamente el entrenamiento físico y la terapia de reemplazo de testosterona en hombres de mediana edad y mayores, con niveles considerados bajos dentro del rango normal, evaluando la condición física, la fuerza y la composición corporal. El resultado fue muy claro: el entrenamiento físico produjo resultados superiores a la terapia hormonal para mejorar la capacidad aeróbica, la fuerza muscular y la reducción de la grasa corporal total y visceral.
Este hallazgo resulta revelador porque contradice la expectativa común de que únicamente el reemplazo hormonal solucionaría la pérdida muscular asociada al envejecimiento. Lucas Peralles suele mencionar esta investigación precisamente porque los propios autores concluyeron que el ejercicio debería considerarse la intervención prioritaria para combatir el envejecimiento en hombres con niveles bajos-normales de testosterona, incluso por delante de la terapia hormonal utilizada de forma aislada.
¿Existe algún beneficio real al combinar entrenamiento y reemplazo hormonal?
La respuesta no es tan simple como elegir solo una de las dos estrategias. Los estudios muestran que la combinación de terapia de reemplazo de testosterona con entrenamiento de fuerza produce mayores ganancias de fuerza muscular que el entrenamiento por sí solo, especialmente cuando se utilizan dosis suprafisiológicas. Sin embargo, este tipo de protocolo requiere una estricta supervisión médica y no está indicado para la mayoría de los hombres cuya disminución hormonal se relaciona únicamente con el envejecimiento.

La terapia hormonal parece aportar un beneficio adicional específico para preservar la masa magra en la parte inferior del cuerpo en comparación con el ejercicio aislado, lo que sugiere un papel complementario, y no sustitutivo, entre ambas estrategias. En este punto, Lucas Peralles es enfático: los pacientes con síntomas relevantes de testosterona baja necesitan una evaluación endocrinológica antes de tomar cualquier decisión, ya que la terapia de reemplazo hormonal implica riesgos y requiere seguimiento médico especializado, nunca una elección basada únicamente en la percepción subjetiva de pérdida muscular.
¿Por qué el entrenamiento de fuerza puede competir con una hormona tan potente?
El entrenamiento de fuerza estimula directamente la síntesis de proteínas musculares mediante mecanismos propios activados por la tensión ejercida sobre el músculo durante el ejercicio, funcionando de manera relativamente independiente de los niveles circulantes de testosterona. Los estudios que comparan hombres jóvenes y mayores muestran que, aunque la respuesta hormonal al entrenamiento de fuerza realmente cambia con la edad, el estímulo mecánico directo sigue siendo capaz de promover ganancias importantes de fuerza y masa muscular incluso frente a esta disminución hormonal natural.
Este detalle explica por qué los hombres que mantienen un entrenamiento de fuerza constante a lo largo de la vida suelen presentar una composición corporal mucho más favorable que aquellos que dependen exclusivamente de estrategias hormonales sin ningún estímulo físico asociado. Para Lucas Peralles, el entrenamiento sigue siendo, por sí solo, una de las herramientas más poderosas y accesibles para combatir la pérdida muscular relacionada con la edad, mucho antes de considerar cualquier conversación sobre el reemplazo hormonal.
¿Cómo mantener expectativas realistas sobre la testosterona y la composición corporal?
Reconocer que el entrenamiento físico puede competir favorablemente con la terapia de reemplazo hormonal ayuda a redefinir las prioridades de los hombres preocupados por la pérdida de masa muscular con el paso de los años. Esto no resta importancia al papel de la testosterona en este proceso, sino que sitúa al entrenamiento de fuerza como una intervención de primera línea, accesible y libre de los riesgos asociados a una terapia hormonal sin la supervisión adecuada.
Según Lucas Peralles, este es un mensaje importante para desmontar la idea de que solo la terapia de reemplazo hormonal resolvería los problemas relacionados con la composición corporal masculina a medida que avanza la edad. Combinar un entrenamiento de fuerza constante con una alimentación adecuada y rica en proteínas sigue siendo la estrategia más sólida y sostenible para los hombres que desean preservar su masa muscular a lo largo de las décadas, constituyendo una recomendación fundamental dentro de cualquier plan bien estructurado.