Como destaca el Ingeniero Valderci Malagosini Machado, las losas bien compatibilizadas con los sistemas eléctricos e hidráulicos son el tipo de decisión que protege el desempeño, el acabado y el plazo. La improvisación en esta interfaz resulta costosa porque traslada al sitio de obra decisiones que deberían estar resueltas en el proyecto. Si su obra busca previsibilidad y menos retrabajo en etapas críticas, continúe la lectura y comprenda por qué compatibilizar las instalaciones con la estructura es un tema de ingeniería aplicada, no de conveniencia.
¿Dónde la estructura cobra la cuenta?
La losa es un elemento que distribuye esfuerzos hacia vigas, muros y pilares. Cuando aberturas, perforaciones y pasos se definen sin considerar ese recorrido, surgen concentraciones de tensiones y cambios locales de rigidez. De este modo, lo que parecía solo “un agujero para una tubería” puede convertirse en deformaciones perceptibles, fisuras recurrentes y dificultades para mantener la nivelación, sobre todo cuando el piso recibe cargas permanentes relevantes.
Como explica el Ingeniero Valderci Malagosini, el mayor riesgo no es el evento puntual, sino la repetición: pequeñas intervenciones repartidas en varios ambientes suman fragilidades y vuelven menos uniforme el comportamiento de la losa. Como resultado, la obra pasa a lidiar con variaciones de desempeño dentro de un mismo nivel, con impactos en revestimientos y carpinterías.
¿Qué se pierde cuando el paso se convierte en ajuste?
Compatibilizar instalaciones también es preservar el recubrimiento, la posición de las armaduras y la continuidad del hormigón. Cuando una instalación atraviesa zonas con alta densidad de acero o reduce el recubrimiento, el sistema se vuelve más sensible a la fisuración y a problemas de durabilidad. Así, la patología no aparece solo como algo estético: puede manifestarse como corrosión, desprendimientos y pérdida de desempeño a lo largo del tiempo, especialmente en ambientes húmedos.
En este contexto, como señala el Director Técnico Valderci Malagosini Machado, la improvisación suele darse en momentos de presión de cronograma, cuando la instalación necesita pasar y la estructura ya está ejecutada. La solución adoptada tiende a ser invasiva, creando discontinuidades que la losa no absorbe bien en servicio.
Diferencias entre sistemas de losa: cambian las restricciones, el principio permanece
La compatibilización varía según el tipo de losa, pero el principio es el mismo: las instalaciones deben respetar la lógica estructural. En losas reticulares, nervadas o macizas, las zonas de mayor solicitación y los puntos de concentración de armadura son distintos, lo que modifica la tolerancia a aberturas e interferencias. Por ello, tratar todos los sistemas como si aceptaran los mismos pasos es una fuente clásica de incompatibilidades.

La elección del sistema estructural debe dialogar con el “mapa” de instalaciones del nivel. Como enfatiza el Ingeniero Valderci Malagosini Machado, cuando electricidad e hidráulica se consideran desde temprano, la obra gana coherencia: el recorrido de las tuberías no entra en conflicto con nervaduras, viguetas, refuerzos localizados y zonas críticas, preservando rigidez y control geométrico.
Áreas húmedas y rebajes: la interfaz que define estanqueidad y estabilidad
Baños, áreas de servicio, cocinas y balcones concentran interferencias porque exigen desagües, pendientes, bajantes y, en muchos casos, rebajes para componer capas de impermeabilización y acabado. Ante esto, la compatibilización debe considerar no solo el paso de tuberías, sino también el espesor disponible y la continuidad del hormigón, evitando soluciones que creen puntos frágiles o desniveles difíciles de controlar.
Cuando esta interfaz se resuelve mal, el costo aparece en dos frentes: la hidráulica sufre con adaptaciones y la estructura responde con deformaciones y fisuras que reaparecen en el acabado. Según el Ingeniero Valderci Malagosini Machado, compatibilizar es reducir la probabilidad de correcciones en cascada, en las que un ajuste en la instalación exige un ajuste en la estructura, que exige un ajuste en el revestimiento.
La compatibilización como motor del flujo de obra
Una compatibilización bien conducida mejora el flujo porque reduce interrupciones. Cuando el nivel se ejecuta con pasos previstos, la instalación entra con menos conflictos y la secuencia entre estructura, albañilería e instalaciones se vuelve más continua. Como resultado, la obra trabaja con menos paradas para decidir soluciones en campo y con menos retrabajo por interferencias detectadas tarde.
En la visión del Ingeniero Valderci Malagosini Machado, la ganancia de plazo no es acelerar sin criterio, sino eliminar variabilidad: menos ajustes de emergencia significan menor dependencia de decisiones improvisadas, mayor estabilidad entre equipos y menor consumo de tiempo en correcciones que no agregan valor al producto final.
Compatibilizar es proteger el desempeño y reducir costos ocultos
Compatibilizar las losas con las instalaciones eléctricas e hidráulicas sin improvisaciones es garantizar que la estructura mantenga rigidez, durabilidad y un comportamiento previsible en servicio. El proyecto integrado reduce interferencias, preserva el recubrimiento y evita discontinuidades que se transforman en fisuras, deformaciones y retrabajo. Cuando la compatibilización ocurre en el papel, la obra ejecuta con mayor seguridad y entrega calidad con menos sorpresas.
Autor: Janice Wagner